Las rutas de la plata.

Desde los inicios de la colonización europea en el continente americano, la explotación de los yacimientos mineros indianos de oro y plata pasaron a ser una tarea principal del sistema colonial español, también existió otros metales como el mercurio, el plomo o el cobre. De esta forma, la minería de metales preciosos generará los ingresos básicos de la monarquía española.

Producción de plata en Potosí y Zacatecas (marcos). Fuente: Guillermo Céspedes del Castillo en "América Hispánica".

Producción de plata en Potosí y Zacatecas (marcos). Fuente: Guillermo Céspedes del Castillo en “América Hispánica”.

La corona no exploto de forma directa las minas americanas, sino que por el contrario, invocó a la propiedad del suelo a particulares, dando así una libertad de explotación de los yacimientos a cambio de un porcentaje de la producción. Este porcentaje es conocido con el nombre de quinto real, establecido en el año 1504, era un tributo pagado al monarca cuando se descubría un tesoro, era igual a la quinta parte o lo que es lo mismo, al 20% de su valor total.

Las minas se trabajaron con éxito solo en climas áridos y tierras altas, donde el subsuelo era seco. Pero la preparación del mineral era compleja y necesitaba de suelos húmedos, así que se veía obligado a transportarse. Esto resultaba muy caro y se empezó a realizar ensayos para aplicar la metalurgia por amalgación y así reducir costes.

Producción de plata (millones de pesos fuertes). Fuente: Guillermo Céspedes del Castillo en "América Hispánica".

Producción de plata (millones de pesos fuertes). Fuente: Guillermo Céspedes del Castillo en “América Hispánica”.

Hacia el 75% de la producción de metales preciosos se exportaba durante el siglo XVI principalmente a Europa, siguiendo unas rutas largas y costosas. Todo el dinero salía rápido de las propiedades de Castilla, puesto que el rey tenía que pagar sus deudas usando estos metales. De esta forma y según Guillermo Céspedes del Castillo, podemos ver un desarrollo acelerado del capitalismo a causa de los metales preciosos y del comercio transatlántico que estos generaron.

A partir de 1543, justo cuando comenzó el auge minero en América, el cruce del Atlántico se realizaba con convoyes escoltados con buques militares para prevenir de esta forma la piratería y los ataques de corsarios, muy extendidos por estas zonas. Este tipo de navegación ofrecía un contra: su lentitud y su elevado coste. Aunque esto era compensado con la facilidad de ayuda mutua que se podían realizar en caso de naufragio o avería.

Ruta del mercurio y de los Galeones y Flotas. Fuente: Guillermo Céspedes del Castillo en "América Hispánica".

Ruta del mercurio y de los Galeones y Flotas. Fuente: Guillermo Céspedes del Castillo en “América Hispánica”.

En 1564 se alteró el sistema de convoyes, de esta forma surgió un convoy para Suramérica, conocido con el nombre de galeones de Tierra Firme, y otro convoy para México, conocido con el nombre de flota de Nueva España: cada año despachaban el 90% del tonelaje que circulaba entre Castilla y sus colonias.

La flota de Nueva España partiría a comienzos de abril, integrada por los navíos que se dirigían a Veracruz, Honduras y las Antillas. En cambio, la flota de Tierra firme saldría en agosto, formada por los navíos que se dirigían a Panamá, junto con las naves de Cartagenas de Indias y Santa Marta, entre otras. Esto se realizó debido al deseo de evitar temporales, hallar vientos más favorables y facilitar el despacho de las flotas en España, escalonando su salida. También existían otras modalidades de transporte como los avisos, los correos marítimos y los navíos de azogue.

Navegación circular del Atlántico y el Caribe por las flotas de la Carrera de Indias. Fuente: Garavaglia y Marchena, "América Latina de los orígenes a la Independencia".

Navegación circular del Atlántico y el Caribe por las flotas de la Carrera de Indias. Fuente: Garavaglia y Marchena, “América Latina de los orígenes a la Independencia”.

Hasta 1580, todos los metales preciosos entraron en Europa por Sevilla, esto transformó esta ciudad en una de las más ricas de la baja Andalucía y de las más importantes de toda Castilla. En Andalucía se quedaba una quinta parte de los beneficios de esta Carrera de Indias, aunque de forma temporal, el resto, como ya se ha dicho anteriormente, salía en el acto hacia el centro y norte de Castilla para posteriormente dirigirse a Europa.

Bigliografía:

AMORES CARREDANO, Juan Bosco (coord). Historia de América. Barcelona: Ariel, 2006.

BERNAL, Antonio-Miguel. La financiación de la Carrera de Indias (1492-1824): dinero y crédito en el comercio colonial español con América. Sevilla: Fundación El Monte, 1993.

CÉSPEDES DEL CASTILLO, Guillermo. América Hispánica (1492-1898). Barcelona: Labor, 1983.

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