Puertos peninsulares en el Comercio Libre: Santander.

Santander se convirtió en el principal puerto para la distribución de cereales, concentrando gran parte del trigo de la meseta, a partir del año de 1765 comienza a tomar importancia el tráfico lanero.

La instauración del reglamento del comercio libre significó una estimulación económica importante, propiciando de esta manera una gran prosperidad a Santander. Antes de convertirse en una bulliciosa ciudad mercantil se vio obligada a adaptar su puerto, debido al mal acondicionamiento de este.

Vista aérea del faro de Cabo Mayor, Santander. Fuente.

Vista aérea del faro de Cabo Mayor, Santander. Fuente.

Ya en el siglo XVIII, Santander poseería la primera flota comercial del Cantábrico y constituiría la plataforma de distribución de mercancías llegadas de Castilla, América y Europa. A finales este siglo se produce un aumento considerable de los géneros nacionales, y en la década de los noventa se fomenta el volumen de transacciones frente al bajo nivel de partida.

Las condiciones agrícolas y sociales del país no eran las adecuadas para que se desplegase un comercio fuerte y equilibrado. El impulso de los negocios mercantiles se frena por las malas cosechas y las violentas crisis de subsistencias de finales de los ochenta y que dejaron su sello en el movimiento portuario, sobre todo en el capítulo de las harinas. Además, las guerras con Francia y Gran Bretaña, estrangulan el tráfico marítimo. En los últimos años del siglo XVIII se vive en un largo ciclo regresivo del que el puerto no se recobra hasta la década de los veinte del XIX. Se interrumpe el tráfico, quiebran casas comerciales y cierran fábricas de cerveza y harina; incluso el propio sistema mercantil-colonialista se desploma y con él la misma ciudad.

Plano de la Ria y Puerto de Santander, mapa antiguo de Cantabria. Fuente.

Plano de la Ria y Puerto de Santander, mapa antiguo de Cantabria. Fuente.

Concluida la guerra de la Independencia, el panorama es desolador. Sin embargo, medidas proteccionistas en materia de granos y harinas nacionales devuelven el optimismo; despertará el comercio de cabotaje y crecerá la exportación de harinas. El puerto recobra el ritmo perdido, ayudado una vez más, por las prerrogativas gubernamentales y su apoyo en las últimas colonias. Pronto el puerto vuelve a ser un gran redistribuidor y la región retorna a su antigua función de “puente” por el que han de transcurrir las mercancías de Ultramar a la Meseta y a la inversa.

Como conclusión, el Comercio Libre no solo se restringe a estos dos puertos expuestos en las entradas (Galicia y Santander), sino que también se puede ampliar al resto de puertos de las colonias y de la metrópoli, cabe destacar que en realidad la política de libre comercio trató de abrir las rígidas compuertas del puerto único en beneficio de un mayor número de puertos, simplificar la burocracia y proporcionar una mayor agilidad y flexibilidad al tráfico. Por lo demás, este siguió siendo un comercio protegido, que trataba de favorecer la exportación de productos españoles gravando más los extranjeros, y mantuvo para América la condición de mercado reservado o cautivo.

Vista aérea del actual puerto de Santander. Fuente.

Vista aérea del actual puerto de Santander. Fuente.

Así lo indica el mismo Rey, en los fundamentos de la resolución, al expresar que: «sólo un comercio libre y protegido entre españoles europeos y americanos puede restablecer en mis dominios la agricultura, la industria y la población a su antiguo vigor». De ahí que no debamos tomar ni literalmente, ni en un sentido amplio el concepto de libertad de comercio establecido por la Corona. Si bien se había manifestado un evidente cambio de actitud, no significaba la aplicación del librecambismo.

Como dice el historiador García Baquero, este nuevo sistema de libre comercio constituía tan solo una ampliación del monopolio con la mira situada en expulsar del tráfico a los extranjeros a cambio de abrirlo al conjunto de los peninsulares.

Y como se ha dicho en un principio, lo que se buscaba principalmente era devolverle a los territorios de Ultramar su carácter de colonia

Bibliografía.

BERNAL, A. M., El “comercio libre” entre España y América (1765-1824), Fundación Banco Exterior Colección Seminarios y Cursos, Madrid, 1987, pp. 22.

CASTAÑEDA DELGADO, P., “El puerto de Santander y el libre comercio con América”, Santander y el Nuevo Mundo, 1978, pp. 327-352.

GARCÍA-BAQUERO GONZÁLEZ, A., El libre comercio a examen gaditano. Crítica y opinión en el Cádiz mercantil de fines del siglo XVIII, Universidad de Cádiz, Cadiz, 1998.

IRIBAMEGARAY, J., “El movimiento comercial en el puerto de Santander desde la ordenanza de libre comercio en el siglo XVIII”, Cuadernos de Historia Jerónimo Zurita, Nº 43-44, 1982, pp. 153-218.

Reglamento y aranceles reales para el comercio libre de España a Indias, de 12 de octubre de 1778, edición conmemorativa del II Centenario de su promulgación. Escuela de Estudios Hispano-Americanos, Sevilla, 1979, pp.1.

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